LA NOCHE DEL CAZADOR EN LA WIKIPEDIA (INGLÉS)***
LA NOCHE DEL CAZADORViernes 26 de noviembre, a las 15:30
en el Salón de Actos 'Juan de la Cierva'
Duración: 89 minutos
Próxima semana: Luis García Berlanga
Asociación de estudiantes de la ETSI Aeronáuticos, UPM
LA NOCHE DEL CAZADOR EN LA WIKIPEDIA (INGLÉS)
LA NOCHE DEL CAZADOR
SHÔHEI IMAMURA EN LA WIKIPEDIA (INGLÉS)
LA VENGANZA ES MÍA
EL MAQUINISTA DE LA GENERAL
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EL HÉROE DEL RÍO



Tras comenzar desempeñando pequeñas tareas, y más tarde establecer su reputación como director de fotografía, Nicolas Roeg se hizo un nombre como director gracias al inconfundible sentido del montaje que impuso sobre películas como Walkabout o Amenaza en la sombra. Inspirado, al igual que su mentor Richard Lester, por el cine de Alain Resnais, Roeg juega con el tiempo y busca constantemente nuevos significados al unir dos secuencias diferentes, pero se distingue por su ojo en las composiciones y la impaciencia, o hiperactividad, con que pasa de una idea a otra; el resultado no es tan elegante y poético como el que podría obtener Resnais, pero sí que genera en unos instantes múltiples y contradictorias impresiones imposibles de conseguir por otros medios.
Codirigida con Donald Cammell, y encargándose también de la fotografía (Cammell fue responsable del guión), Roeg hizo de Performance su ópera prima. Chas (un impresionante James Fox) es un sádico gángster londinense que debe esconderse de la policía y sus socios tras matar a la persona equivocada; el refugio que encuentra es el apartamento de Turner (efectivamente, Mick Jagger), un músico que vive recluido en su propio universo de sexo, drogas y rock and roll, universo al que irá atrayendo a Chas con la ayuda de sus dos concubinas (Anita Pallenberg y Michèle Breton). La película entera, sí, tiene mérito en su reflexión sobre la cercanía de la figura del delincuente a la del artista y su lamento sobre la muerte del espíritu de los '60, pero exceptuando un brillante y escandaloso número musical / videoclip cerca del final, nada en el resto del metraje puede compararse con la media hora que abre la cinta. En ese frenético primer acto, Cammell y Roeg ponen patas arriba el respetable mundo que nos ofrecen periódicos e instituciones oficiales para sugerir la presencia de toda clase de perversas fuerzas dirigiéndolo a su antojo; la clásica, aunque no por ello menos cierta, idea de que el crimen organizado es una extensión lógica del capitalismo adquiere aquí extraños matices al presentarse acompañada de desviaciones sexuales e impulsos reprimidos. Pero lejos de presentar una pesada, terriblemente seria y dudosa explicación freudiana, Roeg y Cammell se divierten añadiendo multitud de pequeños y chocantes toques a través del montaje, la fotografía y la repetición de ciertas frases: el flashback de un simple gesto visto desde un ángulo inesperado adquiere súbitamente connotaciones incómodas, un inverosímil guiño a Jorge Luis Borges no parece fuera de lugar, y en unos segundos, un asesinato pasa de ser consecuencia del enfrentamiento entre trastornos homoeróticos y homófobos a ser simplemente la continuación de una pelea de patio de colegio. Es una demostración de cine que 40 años después permanece provocativa e innovadora.
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Uno de esos directores del Hollywood clásico que consiguió filmar sus obras más personales sólo bajo la rigidez del 'studio system', Nicholas Ray (1911-1979) se especializó en realizar dramas sobre personajes inestables, autodestructivos, poseídos por intensas pasiones, que frecuentemente reflejaban el propio temperamento del director. Películas como Rebelde sin causa, Más poderoso que la vida o En un lugar solitario no son únicamente grandes obras del séptimo arte: ya en sus títulos Ray nos está confesando algo sobre sí mismo, y sobre cualquiera que de verdad se sienta vivo en este mundo y no se deje atrapar por la conformidad.
El protagonista de En un lugar solitario es Dix Steele (Humphrey Bogart), un guionista que lleva años de capa caída cuyo cínico carácter le convierte en el principal sospechoso del asesinato de una camarera, al mismo tiempo que le atrae las atenciones de Laurel Gray (Gloria Grahame), una actriz sin suerte que decide testificar en su favor y con la que comienza una relación. Si en los primeros días su romance parece el inicio de una vida feliz para los dos, al poco tiempo Dix comenzará a mostrar rasgos de una personalidad violenta y aparentemente incontrolable, que harán a Laurel dudar de su inocencia y temer por su propia vida. Por encima de sus tintes policiacos o su condición de comentario sobre Hollywood, En un lugar solitario es principalmente la honesta crónica de un amor imposible entre dos personas, hecho imposible no tanto por el mundo que les rodea sino por su incapacidad de escapar de sí mismas o aceptar sus breves momentos de dicha. Uno de los mayores triunfos de Ray, y quizás la mejor, si bien la más inquietante, interpretación que nos dejó Bogie.
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Formada en la mítica escuela moscovita VGIK, Larissa Shepitko (1938-1979) dirigió tres interesantes películas (incluyendo Alas, recientemente restaurada por Criterion) antes de ganar el Oso de Oro en el festival de cine de Berlín por La ascensión, pero por desgracia su carrera terminó poco después debido a un mortal accidente de tráfico. Hoy en día Shepitko suele ser recordada más por haber sido la esposa de Elem Klimov (Ven y mira) que por sus logros como directora; sin embargo, creemos que un vistazo a su obra maestra bastará para convencer a cualquiera de que fue una artista con un excepcional talento cuya filmografía fue prematuramente truncada.
¿Vale la pena sacrificarse por un ideal, o es preferible buscar una salida práctica? ¿Es posible rendirse a la adversidad, siquiera temporalmente y a la espera de una situación más favorable, sin traicionarse a uno mismo? En La ascensión, dos partisanos (Boris Plotnikov, con su inolvidable mirada, y Vladimir Gostyukhin) son capturados por los nazis y obligados a escoger entre convertirse en colaboradores o ser ejecutados; de su decisión dependen también las vidas de varios civiles. Shepitko evita dar lecciones propagandísticas o patrióticas ofreciendo en su lugar un potente drama psicológico, además de aportar un toque “trascendental” obtenido, como no, centrándose en un retrato muy físico de rostros y paisajes antes que en recursos artificiales y tramposos. Con el ubicuo Anatoli Solonitsyn interpretando a un interrogador.
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